Economía en abierto

El valor económico de los impuestos

Octubre 5, 2009 · Dejar un comentario

... Y la trampa de bajar los impuestos.

... Y la trampa de bajar los impuestos.

El pasado martes 29 de septiembre,  el Gobierno de España elevó al Congreso de los Diputados el proyecto de ley de los Presupuestos Generales del Estado para el ejercicio 2010 .

Estos presupuestos incluyen un aumento en el  gravamen de las rentas de ahorro del IRPF,  la eliminación de la deducción de los 400 euros, y el aumento de los tipos general y reducido del IVA.
Todas ellas, medidas  que no entrarían en vigor  hasta julio de 2010, momento en que, según el gobierno, la recuperación económica estará más avanzada, y el aumento impositivo no tendrá un efecto significativo sobre el consumo.

La derecha critica estos presupuestos y la pretendida subida impositiva. Considera que los impuestos deben reducirse, al igual que el gasto público,  para incentivar el consumo y la inversión privada.

La primera pregunta que surge es si se deben aumentar los recursos del estado vía tributaria, para financiar más gasto público, o recortar gastos para no aumentar la presión fiscal.

¿Qué política fiscal se debe aplicar?

Debemos recordar que la crisis financiera ha supuesto una fuerte caída del consumo y la inversión como consecuencia de la restricción del crédito por parte de las entidades financieras. Para contrarrestar estos efectos, el estado está obligado a tomar medidas que consigan mantener los niveles de consumo e inversión y estabilizar la demanda agregada.  Recordemos que la demanda agregada es la suma del consumo y la inversión privada, el gasto público y el saldo de la balanza comercial (exportaciones – importaciones).

Para conseguir mantener la demanda, ante la caída del consumo, de la inversión pública y del  saldo comercial, existen dos opciones de política fiscal expansiva que tienen  efectos muy distintos:

1.- Podemos aumentar el gasto público, lo que exige disponer de más recursos en un momento en el que los ingresos del estado se han reducido ante el menor consumo y renta.

2.- O recortar los impuestos para incentivar el consumo y la inversión, lo que implica reducir la inversión del estado y el nivel de servicios públicos, a no ser que se recurra por deuda pública para nivelar la menor recaudación tributaria.

Elegir entre estas dos opciones supone decidir si mantenemos, aumentamos o disminuimos el gasto público del estado. Pero… ¿qué aporta el gasto público en una situación económica como la actual?

Gasto público como generador de expectativas.

Una de las lecciones que nos deja la crisis financiera es que los sistemas de protección social son, por sí mismos, un elemento de confianza, seguridad y certidumbre para el ciudadano, y contribuye a estabilizar la demanda agregada en momentos de dificultades económicas.

El ciudadano tendrá una mayor confianza y seguridad en el futuro si, a pesar de la situación económica, tiene la seguridad de que se mantendrá su cobertura sanitaria, la educación de sus hijos y una prestación por desempleo capaz de garantizarle un nivel de rentas mínimo aunque pierda su empleo.

Estas garantías aumentan las expectativas del ciudadano y le permiten afrontar el futuro con mayor confianza, proporcionándole una mayor propensión al consumo y a la inversión. Ese mayor consumo e inversión impulsará la demanda agregada y la renta del país, permitiendo una salida más rápida y sólida de la crisis

Si careciera de estos derechos, o viera peligrar su sanidad, la educación de sus hijos o sus ingresos futuros, esto le supondría una enorme inseguridad e incertidumbre ante el futuro, sus expectativas serían peores y tendría una conducta económica muy proteccionista ante cualquier percepción de que la coyuntura  económica pueda empeorar.

Por ese motivo, la crisis afecta en mayor medida a aquellas regiones con sistemas de protección social más débiles, pues el individuo tiene una mayor incertidumbre ante el futuro.

Vemos por tanto que es necesario reforzar los servicios públicos para mejorar las expectativas de las economías domésticas (familias).  Pero… ¿cómo financiarlo?

La deuda pública, otra opción

¿Tiene más opciones el gobierno para aumentar los ingresos del estado y financiar el gasto que recurrir al aumento tributario?

Los ingresos del estado proceden de varias fuentes, la principal son los impuestos y cotizaciones sociales, pero también existen otras vías de financiación como las tasas y precios públicos; transferencias corrientes procedentes de organismos públicos, comunidades autónomas o la Unión Europea; ingresos patrimoniales de intereses de préstamos concedidos, depósitos o de la devolución de préstamos; enajenación de elementos de propiedad estatal; transferencias de capital; y de  activos financieros.

Evidentemente la mayor capacidad para aumentar los ingresos es la vía impositiva, pero también  existe otra alternativa muy utilizada por los gobiernos: la deuda pública. Consiste en cubrir la diferencia entre los gastos e ingresos del estado mediante la emisión de deuda del estado. El estado emite deuda pública en el mercado a cambio de unos tipos de emisión que deberá abonar a su nuevo titular en pagos periódicos. Pero la emisión de deuda tiene sus límites.

Encarecimiento de la Deuda Pública.

El aumento de la deuda del estado implica un mayor riesgo para el titular que adquiere la deuda, debido a que el estado tendrá una mayor dificultad para pagarla a medida que esta aumenta al incrementarse la partida de pago de intereses. Ese riesgo debe ser nivelado con un tipo de emisión más alto que encarece a su vez el coste de la deuda para el estado. El nuevo titular de la deuda sólo está dispuesto a asumir un mayor riesgo a cambio de una mayor rentabilidad.

España tiene actualmente una deuda pública 20 puntos inferior a la media de la Unión Europea, por lo que aún cuenta con margen de endeudamiento.

Pacto de estabilidad de la Unión Europea

Existe otro límite. La Unión Europea exige para la transferencia de los fondos de cohesión que el déficit público sea inferior al 3%. El déficit actual es del 5,4%, pero España  tiene hasta el 2012 para volver a reducirlo hasta el 3%,

Estos dos motivos, el encarecimiento de la emisión de deuda, y el pacto de estabilidad de la UE, desaconsejan seguir recurriendo a deuda pública. Por lo tanto, para aumentar el gasto público es necesario aumentar los impuestos. ¿Qué pasaría si optamos por reducir el gaso público como reclama la derecha?

Nada de gasto público, el dinero al bolsillo del contribuyente.

La derecha afirma que la confianza que ofrece el estado a través del gasto público se genera dando mayor capacidad de pago al ciudadano, es decir bajando impuestos. Afirman que el dinero se encuentra mejor en las manos del ciudadano que en las del estado.

Sin embargo, en una situación de crisis, el ciudadano tiene una alta aversión al riesgo que le lleva a ser mucho más cuidadoso y conservador en las decisiones de consumo e inversión, ante un futuro incierto. Prefiere ahorrar ante el temor de lo que pueda venir y decide reducir el consumo y la inversión. En la terminología económica se dice que tiene una propensión marginal al ahorro mucho más alta que al  consumo.  El estado, por el contrario, tiene una mayor propensión al consumo y a la inversión que al ahorro.

Eso nos lleva a la conclusión de que bajar los impuestos supondrá, para la economía del país, sacrificar una parte de la capacidad del consumo e inversión y destinarla al ahorro, pues el temor del ciudadano ante el futuro le hará ahorrar más y consumir menos, es decir asumir el mínimo riesgo. Y esto ralentizaría la capacidad de recuperación de la economía.

Sin embargo, aumentar los impuestos nos permite  destinar a consumo e inversión parte de la renta que el contribuyente destinaría a ahorro, con lo que incentivamos la recuperación económica al aumentar la demanda agregada y con esta la renta y el empleo.

Hemos visto que es necesario aumentar el gasto y que la vía de financiación más adecuada es la tributaria, pues nos permite fomentar el consumo y la inversión del país. Pero…  a quién subir los impuestos y qué impuestos.

¿Por qué el aumento de impuestos debe gravar a las rentas altas?

La respuesta viene ligada al planteamiento anterior. En una situación de crisis… ¿quién destina más parte de su renta al ahorro y, por lo tanto, sobre quien debe incidir en mayor medida el aumento de impuestos? Evidentemente sobre los ciudadanos con rentas más altas, pues las ciudadanos con rentas más bajas destinan prácticamente la totalidad de su renta al consumo. Por ello, si retraemos esa parte de renta que destinan al ahorro las rentas altas, y la destinamos a través del gasto público al consumo e inversión, estimulamos e impulsamos el crecimiento de la renta del país.

Por el contrario, si aumentamos los impuestos a aquellos individuos que tienen rentas más bajas, que ya destinan todo su dinero al consumo, y lo destinamos igualmente a consumo o inversión, no tendría ningún efecto sobre la renta nacional, tan sólo sobre los ingresos del estado.

Me mantengo al margen de los efectos redistributivos de los impuestos, aunque no debemos olvidar que el objetivo de los impuestos es lograr una mayor redistribución de la renta.

¿Qué impuestos subir?

Como es evidente, lo lógico es aumentar el gravamen de las rentas de ahorro. Así lo plantea el gobierno, al incrementar la tributación de estas rentas en el IRPF.

IRPF

Se establecen dos tramos para las rentas del ahorro en el impuesto. El primer tramo corresponde a los primeros 6.000 euros del contribuyente, que pasarán de tributar un 18% al 19%. Y el segundo tramo corresponde a las rentas superiores a 6.000 euros, que pasarán de un gravamen del 18% al 21%. Esto supone aumentar la progresividad del impuesto sobre la renta y que paguen más las rentas más altas. Debemos tener en cuenta que el 94% de los contribuyentes, según datos del Ministerio de Hacienda, obtienen rendimientos del ahorro inferiores a 6.000 euros.

Deducción 400 euros

Por otro lado se elimina la deducción de los 400 euros del IRPF, que se aplicó el pasado año para disminuir el efecto de la alta inflación sobre la capacidad de consumo de las familias españolas. Ante un nuevo escenario económico marcado por el descenso de precios, carece de todo sentido económico mantener esta deducción.

Por la eliminación de esta deducción se dice que el incremento impositivo recae sobre los trabajadores y las rentas medias. Como vemos, ese argumento tiene trampa.

IVA

El otro impuesto cuyo tipo se incrementa es el IVA. En el IVA existen tres grupos de bienes y prestaciones de servicios que tributan a tipos diferentes, en función de la necesidad que los ciudadanos tienen sobre esos bienes y servicios. Así, para los que tributan al tipo superreducido (pan, leche, frutas, verduras, legumbres, hortalizas etc) el tipo de gravamen se mantiene en el 4% sin que haya ninguna subida. Los que tributan al tipo reducido del 7% (alimentos que no tributan al tipo superreducido, vivienda, servicios de hostelería, obras de albañilería en vivienda, o entrada a espectáculos y servicios culturales) se aumenta la tributación un punto, hasta el 8%. Y el resto de bienes y servicios se incrementa la tributación en 2 puntos, pasando del 16% al 18%.

¿Porqué gravar el consumo?

Podríamos pensar que atendiendo al razonamiento que hacía más arriba, lo aconsejable es gravar las rentas del ahorro y mantener constante la tributación sobre el consumo, es decir el IVA. Sin embargo si gravamos excesivamente las rentas del ahorro podríamos sufrir una fuga de capital hacia otros países, que supondría un alto riesgo en estos momentos. Por eso lo aconsejable es un aumento de los impuestos mixto, consumo y ahorro, aunque manteniendo un gravamen mayor al ahorro que al consumo, tal y como se pretende hacer.

Sobre este aspecto debemos destacar que España es el país de la Unión Europea donde la imposición sobre el consumo tiene el menor peso. Así lo confirmó el pasado mes de Junio el informe “Tendencias de la Fiscalidad en la UE”, elaborado por Eurostat (organismo de estadística de la comunidad europea), por lo que España es el país con mayor margen para aumentar la tributación al consumo.

Además, el incremento de los tipos general y reducido del IVA se produce en un momento marcado por el descenso de precios. Según los últimos datos del INE el IPC ha disminuido un 1% en el último año, por lo que el incremento de gravamen del IVA sobre el consumo tendrá un efecto mucho menor que en un momento de inflación.

Una medida razonable y necesaria

Las medidas planteadas por el gobierno son razonables en una situación como la actual, ante la necesidad de reducir el déficit público en los próximos años. El aumento tributario contribuirá a mantener los servicios sociales y las prestaciones públicas, imprescindible para aumentar las expectativas del ciudadano y acelerar el proceso de recuperación económica.

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¿Qué fue del milagro económico español?

Septiembre 11, 2009 · 4 comentarios

La pasada semana,  el Servicio Público de Empleo hacía públicos los datos de paro registrado del pasado mes de Agosto, bueno… el número de parados registrados del último día del mes, pues no se trata de una media mensual.

Como se esperaba, los datos no han sido positivos. El número de parados registrados, a nivel nacional, ha aumentado respecto al mes anterior, algo normal tratándose del mes de Agosto. No obstante, el paro ha disminuido durante los meses de verano, algo también habitual todos los años, pero que no sucedió el pasado año y que evidencia la menor intensidad de la crisis.

El Partido Popular culpa al gobierno de los datos publicados por el Ministerio y asegura que es únicamente consecuencia de las medidas económicas que se están adoptando. Medidas que hacen a la economía española ser más vulnerable y tener menor capacidad de respuesta que el resto de países de Europa. La pregunta que se hace la derecha española y que quiero plantear yo es qué fue el milagro económico español. Sí, aquel que en tiempos de Aznar y Rato nos hacía tener un crecimiento de empleo por encima del resto de economías de Europa y que, según aquellos mismos responsables políticos, nos había convertido en la octava economía del mundo. ¿Cómo puede un gobierno dilapidar en apenas unos meses tal grandeza económica?

El peligroso milagro económico español.

Analizando algunos datos podemos comprobar lo que ha sucedido en este último año, y como la actual crisis financiera mundial ha acelerado una crisis económica que se había gestado en España durante la última década. Una crisis impulsada por un modelo de crecimiento económico muy débil, que sacrificó la fortaleza de su estructura económica a cambio de un crecimiento virtual, a corto plazo, guiado por la conducta especulativa de una parte del capital que sacrificó inversiones productivas a cambio de un rápido enriquecimeinto. Iimagino que muchos ya lo estaréis pensando… sí, me refiero al sector inmobiliario y más concretamente a la rama residencial.

A continuación muestro un gráfico en el que se muestra la evolución del precio del metro cuadro de vivienda nueva. Es decir la variación interanual del precio del metro cuadro de la vivienda de primera adquisición respecto al año anterior, en el primer trimestre de cada año y durante el periodo 1996-2009. Es muy clarificadora.

Variación del precio del metro cuadrado de vivienda nueva.

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Fuente: INE. Estadísticas de construcción.

En el primer trimestre de 1996 el precio del metro cuadrado de la vivienda nueva aumentaba en un 2,27% respecto al primer trimestre del año anterior. Un incremento razonable. En el segundo trimestre de aquel mismo año se celebran elecciones generales y el Partido Popular, liderado por José María Aznar, asume por primera vez la responsabilidad de gobierno en España. A partir de ese segundo trimestre el precio de la vivienda sufre un vertiginoso y continuo incremento, sin precedentes, llegando a alcanzar un incremento anual del 18,36% en el primer trimestre del año 2004. Vemos el incremento progresivo de la curva, que sólo se mantiene con incrementos en torno al 10% durante tres años como consecuencia de la crisis de las punto.com, gestada en EEUU a finales de los 90, y que golpeó las economías occidentales  entre el año 2000 y 2001.

En el primer trimestre del 2004 el PSOE gana las elecciones generales y José luís Rodríguez Zapatero es elegido como presidente del gobierno de España. Como vemos en el gráfico, a partir de este momento y debido a un cambio de criterio económico y a las políticas emprendidas desde el Ministerio de la vivienda (con una apuesta decidida por la vivienda de protección), el precio de la vivienda nueva comienza a crecer a tasas cada vez más bajas y razonables.

El saldo de los 8 años de gobierno del Partido Popular para el precio de la vivienda nueva fue un incremento del 117,08%, más del doble del que tenía en 1996. En esos 8 años habían convertido a la vivienda en un activo muy, pero que muy, rentable.

El milagro económico español consistió en un incremento desproporcionado del precio de la vivienda, convertida en un auténtico activo de valor y uno de los principales activos de especulación de nuestra economía.

El milagro económico español se impulsó sobre el esfuerzo financiero de la mayoría de la sociedad, especialmente de aquellos con menores recursos, que se endeudaron de por vida a cambio de una vivienda digna, mientras  una minoría se enriquecía especulando con el suelo y el parqué de viviendas. Sin duda los grandes beneficiarios de esta burbuja inmobiliaria (pues así debemos llamarla) fue el sector bancario, gracias al establecimiento de tipos de interés hipotecarios muy superiores al tipo de interés interbancario, y aquellos que se dedicaron a especular con el suelo y la vivienda.  A facilitar ese proceso contribuyeron los bajos tipos de interés y una ley de liberalización del suelo que permitió construir sin apenas límites legales, y desde la premisa de libertad total de acción del mercado, máximo postulado del pensamiento económico neoliberal.

¿Qué efectos tuvo sobre el mercado laboral?

Ante este incremento desproporcional del precio  se produjo el lógico aumento de la oferta de vivienda que, debido a las características propias del sector, implicó la necesidad de una gran cantidad de mano de obra poco cualificada. Esto permitió absorber la gran parte del desempleo  generado en los procesos de reconversión de los años 80 y 90, así como la contratación de mano de obra emigrante. Además favoreció que el abandono escolar masculino prematuro sea en España superior al de otros países de Europa, con los consiguientes efectos sobre la productividad del la estructura económica.

Como vemos en el gráfico anterior, a partir del 2004 se consigue que el incremento interanual del precio de la vivienda sea cada año menor. La menor pendiente de la curva en 2007  demuestra que el precio comienza a estabilizarse. Sin embargo, la crisis financiera mundial aceleró el proceso de ajuste del precio y eso hizo que a partir del último trimestre 2008 se produzca una peligrosa caída del precio de la vivienda hasta el – 8,34%. Esto frena la oferta de vivienda residencial y hace que sea necesaria cada vez menos mano de obra, lo que dispara el número de parados, especialmente en aquellas zonas más dependientes del sector inmobiliario (Valencia o Murcia por ejemplo).

Si la actual crisis financiera incide en mayor medida en el nivel de paro de España es por la mayor dependencia que tenía su economía hacia el sector de la construcción, motivado por un comportamiento especulativo muy separado de la necesidad real de vivienda del país.

Este ha sido el modelo impulsado durante ocho años por el Partido Popular y al que tuvieron la desfachatez de denominar milagro económico español. Por ello, no tiene sentido que sean precisamente los responsables del modelo quienes culpen al gobierno de España de las altas tasas de paro que tienen nuestro país.

La crisis financiera actual aceleró un proceso que era necesario, y que impulsó el actual gobierno ante la necesidad de  emprender un nuevo modelo de crecimiento económico que dotara a la estructura económica de España de mayor productividad. El problema es que la crisis financiera imprimió una fuerte aceleración a este proceso, y eso motivó unas altas tasas de desempleo en lugar del ajuste paulatino como pretendía el gobierno.

Para comprobar el cambio de modelo emprendido en España y la falta de productividad que presentaba nuestra estructura económica debemos ver otro gráfico. En este caso se trata de una comparación entre la variación de ocupados (datos de la Encuesta de Población Activa), es decir empleo, y del Producto Interior Bruto.

Comparación del incremento del PIB y ocupados.

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Fuente: Ocupados (EPA). PIB (INE)

Como vemos, para que España pudiese mantener unos niveles de crecimiento del PIB entre el 3% y el 4% fueron necesarios incrementos en el número de ocupados muy superiores. En 2003 un aumento del PIB del 3,10 % necesitó un incremento de ocupados del 4% (casi un punto de diferencia) y en 2005 un aumento del PIB del 3,61% necesitó un incremento en el número de ocupados de 5,58% (casi dos puntos de diferencia), demostrando un claro déficit productivo.

El inicio del cambio del modelo de crecimiento:

A partir del 2005, la reducción del peso de la vivienda y el impulso de una política dirigida a la inversión productiva y al gasto de I+D+i hacen que las tasas de crecimiento del PIB y de ocupados se adecuen, con un aumento del 4,10 del número de ocupados y un 3,90 en el PIB en 2005. Y en 2007 se consigue un aumento significativo de la productividad, con un crecimiento del PIB del 3,66% y un incremento en el número de ocupados del 3,08%.

La crisis financiera, con la reducción del consumo internacional y la contención del crédito, hizo que uno de los pilares del crecimiento de nuestra economía, la construcción, sufriera una rápida contracción y que la caída del empleo fuera muy superior al PIB, es decir se produjo un fuerte reajuste del mercado laboral. A pesar del esfuerzo iniciado por el gobierno en investigación e innovación e inversión productiva (bienes de equipo) a partir de 2005, los primeros efectos de la crisis a finales del 2007 hicieron que el proceso de cambio del peso de la construcción por una economía más diversificada, y sobre todo, más productiva, se frenara.

Perspectivas para nuestro mercado laboral:

La conclusión más evidente a la que podemos llegar es que la recuperación del empleo perdido será lenta y dependerá de la capacidad que tenga nuestra economía para buscar un nuevo generador de crecimiento, que deberá tener una base productiva si queremos evitar que, ante un escenario económico como el actual, volvamos a ver una contracción tan fuerte del mercado laboral como la que ha sufrido el empleo en nuestro país.

Además, es evidente que aquellas comunidades autónomas que más dependencia tenían del sector de la construcción tendrán más problemas para crear empleo suficiente para absorber el alto nivel de paro.

Sin duda el año que viene se creará empleo, las variaciones interanuales del paro comenzarán a arrojar saldos negativos (es decir habrá menos paro que en el año anterior), pero una cosa está clara, España tendrá que convivir con tasas de paro altas durante algunos años, hasta conseguir impulsar un modelo de crecimiento más productivo  y capaz de crear empleo a niveles más elevados. El gran reto es, además, evitar que se produzcan burbujas especulativas como la burbuja de las empresas punto.com del año 2.000,  o la burbuja inmobiliaria que tantos beneficios deparó a los amigos Aznar y Rato, y cuyos efectos estamos soportando ahora. De ello dependerá que España pueda tener un crecimiento fuerte y sostenido en el tiempo.

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¿Quién quiere esos dólares?

Julio 5, 2009 · Dejar un comentario

Dólares

El dólar ha pasado de ser la divisa más fuerte y solvente del planeta a entrar en una peligrosa espiral marcada por la desconfianza, el recelo y la incertidumbre. La debilidad del dólar empieza a generar serias dudas sobre el futuro de Estados Unidos como principal potencia mundial.

Los BRIC se deshacen del dólar

Los países emergentes, también conocidos como BRIC (Brasil, Rusia, India y China), han dando en las últimas semanas importantes pasos en su estrategia de reducir el excesivo peso que los dólares han alcanzado en su cartera de divisas. Avanzan en su estrategia de reducir su excesiva tenencia de dólares adquiriendo Derechos Especiales de Giro.

Los Derechos Especiales de Giro (DEG) es la pseudo-moneda que utiliza el Fondo Monetario Internacional (FMI) para captar recursos, que puede convertirse en un activo de reserva internacional. Está compuesto por una cesta de divisas, integrada por el dólar de EE.UU. (44%), el euro (34%), la libra esterlina (11%) y el yen japonés (11%).

El FMI ha manifestado su intención de emitir 500.000 millones de dólares en DEG para poder adquirir dólares con los que realizar préstamos a los países más golpeados por la actual crisis económica. Un anuncio muy bien recibido por los BRIC. China pretende adquirir 50.000 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro (DEG), Brasil y Rusia 10.000 millones cada una, e India ha mostrado su interés en adquirir DEG, pero sin confirmar la cuantía.

El peligro de una depreciación brusca del dólar

Esta decisión de los BRIC tiene su origen en la excesiva dependencia hacia el dólar, tanto de sus carteras de divisas como de los activos que poseen con valoración directa en dólares. Sin embargo los BRIC tienen muy presente que una fuerte depreciación del dólar supondría a la vez la pérdida de valor de aquellos activos con convergencia en dólares y, por tanto, de su patrimonio. No les interesa que se produzca una brusca caída en el valor de esta moneda, por lo que si quieren reducir el peso del dólar  en sus inversiones y cartera de divisas deben hacerlo de forma paulatina y progresiva.

La supremacía del dólar

Pero… ¿a qué se debe la excesiva dependencia hacia el dólar de la cartera de divisas de buena parte de los países del mundo? Pues a la mayor fortaleza que tradicionalmente ha tenido el dólar frente al resto de monedas. Una fortaleza que en un primer lugar se debía al respaldo directo del dólar en oro (patrón oro) y posteriormente a su respaldo en el barril de petróleo (petro-dólar) lo que implicaba la contraprestación en dólares de todas las transacciones de petróleo. El dólar era la única divisa con la que podía adquirirse petróleo, por lo que era necesario poseer dólares para poder pagar el petróleo.

Sin embargo, en los últimos años los problemas de déficit público de la economía estadounidense han generado una gran incertidumbre en la evolución futura del dólar. A esto se ha unido, desde 2007, una política monetaria expansiva, consistente en la reducción de tipos de interés para incentivar el consumo y la inversión nacional, que ha reducido el atractivo de los activos del país y la atracción de capital exterior, con la consiguiente depreciación del dólar frente a otras monedas.

El dólar pierde parte de su fortaleza como divisa, y deja de ofrecer seguridad. El mercado entonces busca otros activos de valor capaces de ofrecer esa seguridad. Y el principal activo es el barril de petróleo, pues se trata de una fuente energética no renovable con unas reservas muy limitadas, que asegura su encarecimiento por la escasez del recurso. Los especuladores vieron en el dólar una moneda débil y ante la evidencia de que los tipos de interés no se elevarían en el corto plazo, se refugiaron en el petróleo.

La guerra de Irak: la defensa del dólar frente al euro.

La mayor prueba de la pérdida de confianza y autoridad del dólar se pudo comprobar cuando Sadam Hussein, el Presidente de Irak, uno de los principales países productores de petróleo del mundo, anuncia en 2003 su intención de cambiar la contraprestación del pago del barril de petróleo de dólares a euros. Propuesta que fue bien recibida por otros países como Venezuela o Rusia.

EEUU vio en esta intención toda una amenaza a los intereses de su divisa, y por lo tanto a su hegemonía en el mundo. Su reacción es por todos bien conocida, en 2004 con el pretexto del ataque terrorista contra las torres gemelas inicia un ataque militar a Irak bajo la excusa de que el país era un refugio de terroristas y estaba en posesión de armas de destrucción masiva.

Sin embargo, el fin de la guerra era imponer la supremacía del dólar frente al euro. Francia y Alemania fueron muy recelosas ante este ataque, pues veían la intención real de la guerra. Y Gran Bretaña, fuera de la zona euro, no dudó en apoyarla, ante la amenaza que podía suponer un euro fuerte para la libra.

Cuando Estados Unidos logra el control del país, una de las primeras medidas económicas tomadas fue retomar la conversión de todas las transacciones a dólares, lo que evidencia el auténtico objetivo de la invasión de Irak.

Como es lógico Venezuela y Rusia no dudaron en dar marcha atrás a sus intenciones de apoyar a Irak en la decisión de sustituir dólares por euros.

Sin embargo, como consecuencia de la actual crisis financiera, y la mayor debilidad del dólar, se están planteando crear una nueva divisa de componente internacional. Una moneda que en Venezuela la denominan “petro”.

Irán, la nueva amenaza del dólar:

Irán es otro país que está dando serios pasos para reemplazar la hegemonía del dólar. En 2006 su presidente Mahmud Ahmadineyad anunciaba la intención de crear un mercado en Teherán para la compraventa de petróleo en euros.

La creación de este nuevo mercado supone un paso muy significativo en las relaciones comerciales del petróleo, pues crea un nuevo mercado para realizar transacciones de petróleo que excluye al dólar. Un nuevo mercado que se añade a los tradicionales: la Bolsa Mercantil de Nueva York (NYMEX) y la Bolsa Internacional del Petróleo de Londres (IPE).

Todas estas acciones no pasan en balde para Estados Unidos. Ante la dificultad de poner freno a la progresiva pérdida de peso del dólar, el 23 de marzo de 2006, la Reserva Federal de los Estados Unidos, decide suspender la publicación de las cifras estadísticas de oferta de dinero M3 para ocultar la evolución del número de dólares en circulación mundial. Una medida que pretende ocultar el impacto que el “petroeuro” pueda tener sobre la moneda estadounidense.

Nueva estrategia de EE.UU.

El petróleo deja de ser el mayor activo de la hegemonía mundial de Estados Unidos, y eso hace que este país quiera encabezar una nueva estrategia energética mundial basada en la promoción de las energías renovables. ¿Será capaz de liderar y controlar ese mercado? Creo que España puede y debe decir muchas cosas al respecto. El plan energético español 2030 debe desarrollarse en esa dirección.

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Respuestas al capitalismo

Junio 21, 2009 · 2 comentarios

Foto de Mariño, Vera

Foto de Vera Mariño

Vivimos una crisis sin nombres ni apellidos, en la que parece no haber culpables ni responsables. Los principios que fundamentaron el actual orden mundial han fracasado, el mercado no ha sido capaz de realizar una asignación eficiente de los recursos y ha asumido demasiados riesgos en busca de una rentabilidad muy poco sólida y totalmente  monopolizada.

La crisis financiera ha sometido a los agentes económicos y al mercado a una gran incertidumbre ante el fracaso de los principios que sustentaban el actual orden económico internacional. Es necesario  generar confianza. La  única salida parecía ser la refundación del capitalismo.

Recuerdo las palabras Nicolas Sarkozy, líder de la derecha francesa, cuando a finales del año pasado nos advertía de la necesidad de reconstruir el sistema financiero internacional, partiendo de cero, tal y como se había hecho en la conferencia de Bretton Woods tras la II Guerra Mundial.

Obviaba  Sarkozy que fue en Bretton woods donde se fundaron las dos principales instituciones que impulsaron los principios de la actual crisis financiera: el Fondo Monetario Internacional, y el Banco Mundial. Y que fue en aquella reunión donde se desecharon las tesis defendidas por Keynes, para encumbrar las propuestas auspiciadas por EEUU:  “los acuerdos de Bretton woods”.

Bretton Woods no sirvió para refundar el capitalismo como asegura Sarkozy, sino para reafirmarlo. Aunque eso…  lo sabe muy bien Sarkozy. Lo deja muy claro al afirmar que los valores del sistema capitalista son los adecuados, que la actual crisis financiera no es la crisis del capitalismo, sino la crisis de un sistema que se ha alejado de los valores del capitalismo, que en cierto modo los ha traicionado.

Estamos, según Sarkozy, ante el fin de un mundo que se construyó sobre la caída del muro de Berlín, cuando una generación creyó que la democracia y el mercado arreglarían por sí solos todos los problemas.

De sus palabras se intuye que algo había sucedido en el mundo tras la caída del muro de Berlín. Algo que concedió al  mercado un excesivo peso en el desarrollo de relaciones económicas. Y está en la cierto. Junto al muro de Berlín se derrumbó la única alternativa que había convivido con el sistema capitalista hasta llegar a ponerlo en tela de juicio. En ese momento el capitalismo dejaba de tener alternativa.

Sarkozy tampoco contó que esa historia había comenzado mucho antes. Tanto, que sus raíces se adentran en el crack del 29.

Aquella crisis del 1929, a pesar de su similutud a la actual, presenta una diferencia esencial: la existencia de una alternativa clara al sistema capitalista, el llamado socialismo científico, un modelo social que, tras Marx, sería acaparado totalmente por el comunismo. El comunismo  se empezaba a extender, de la mano de la Unión Soviética, con la misma fuerza con la que el viejo sistema capitalista parecía derrumbarse.

El capitalismo estaba en serio peligro. La crisis del 29 recordaba la idea de Marx de que el capitalismo acabaría por destruirse a sí mismo, de que la sobreproducción de materias primas y mercancías colapsaría el mercado y el sistema económico. ¿Estaría Marx en lo cierto? A esta incertidumbre se unía un movimiento obrero, sin nada que perder, sumido en la pobreza, que clamaba por una revolución social y económica.

Algo debían hacer los capitalistas para impedir que la clase obrera se colgara de las barbas de Marx y pusieran fin al sistema capitalista. Algo debían hacer para evitar la extensión mundial de la revolución social.

Y lo hizo, claro que lo hizo. El capitalismo planteó un gran pacto social entre capitalistas y trabajadores, por el que los trabajadores serían partícipes de los beneficios del sistema a cambio de una renuncia expresa a la revolución social. La clase obrera aceptó, y esto supuso el inicio del estado del bienestar y el nacimiento de una nueva clase media.

Las bases de este estado eran muy claras. A partir de un sistema tributario progresivo y justo, que gravara especialmente a las rentas más altas, el estado debía articular políticas sociales capaces de extender la sanidad, la educación y la protección social a una amplia masa social. Esto permitió, en aquellos países que contaban con una clase obrera muy organizada, una mejora histórica de las condiciones sociales de los trabajadores

De esta forma el comunismo dejaba de ser una amenaza inminente para el capitalismo y se convertía en una ideología en declive, cuya única vía de presión sería plantear una dura carrera armamentística frente a EEUU.

La primera gran conclusión que podemos extraer es que el crack del 29 sí permitió un cambio real en la estructura política, económica y social de aquella sociedad, una refundación o redefinición del capitalismo. Pero la razón no fue la crisis en sí, sino la existencia de una alternativa clara y con capacidad de poner en tela de juicio la supervivencia del sistema capitalista.

Fueron años de crecimiento y de grandes avances sociales, especialmente en Europa. Por el contrario la URSS era incapaz de mejorar las condiciones de vida de sus trabajadores. La controversia es que la URSS, sin pretenderlo, había conseguido impulsar en el mundo occidental conquistas sociales impensables, pero a la vez había reforzado el sistema capitalista.

Finalmente la URSS acaba por desaparecer. Con el muro de Berlín caen también los últimos fantasmas que quedaban del comunismo en Europa y el capitalismo comienza a soltar las ataduras que le imponía el estado. Un estado al que culpa de una excesiva intervención en la economía y de incapacidad para ofrecer soluciones a las crisis energéticas y productivas de los años 70 y 80.

La caída del muro de Berlín supuso el inicio de la supremacía del pensamiento económico liberal. Serían las llamadas instituciones del consenso de Washington (las instituciones Bretton Woods) las encargadas de extenderlo a lo largo de todo el planeta, concediendo ayuda financiera a cambio de la aplicación de directrices económicas estrictamente neoliberales: liberalizar los mercados, reducir la intervención y regulación del estado y evitar la extensión de cualquier política contraria al liberalismo económico.

El neoliberalismo pasaba a ser la política económica por excelencia. A ello contribuirían los neocon, un grupo de presión impulsado por Estados Unidos, que impondrían el pensamiento único.

Los principios del neoliberalismo serían el libre funcionamiento del mercado, la desregulación y eliminación de cualquier control o traba que limitase su libre funcionamiento y la reducción de los sistemas de protección social, con el fin de evitar cualquier distorsión en las decisiones de los agentes económicos. No había mejor política social que el crecimiento económico y la generación de empleo. La política social intervencionista sólo creaba acciones ociosas en la sociedad y distorsiones en el mercado. Entre los restos del muro perecían 40 años de crecimiento y cohesión social en Europa.

Sin embargo poco les duró la alegría. En poco más de dos décadas se produjo el colapso del sistema financiero, precisamente por la aplicación de los postulados neoliberales. La excesiva confianza en el mercado, la ausencia de regulación y la supremacía del interés individual frente al común bajo el pretexto de la mano invisible del mercado, se convirtieron en las principales causas de la actual crisis.

La historia viene de lejos, está claro. Ahora la pregunta es si hay alternativa al capitalismo, o al menos si es posible redefinirlo.

Yo no veo ni un solo indicio que nos permita afirmar que caminamos hacia un nuevo orden económico. Principalmente porque no hay ninguna alternativa al sistema actual.

Lo que hay son claros indicios de que el capitalismo volverá a salir reforzado y parece que esta vez sin apenas cambios, tan sólo leves inclinaciones hacia una mayor regulación del sector financiero.

Existen dos hechos que me inclinan a pensar así.

En primer lugar la concentración del factor capital se está reforzando, y se materializa en nuevas fusiones. La pérdida de valor del capital, reflejada en los patrimonios netos empresariales, como consecuencia del excesivo endeudamiento y el menor valor de las acciones, hace que el capital se concentre en un intento de reducir pérdidas. Y esto nos aleja de la competencia perfecta, reforzando a largo plazo la conducta especulativa del mercado.

No es nada nuevo, la concentración de capital ha sido una de las características de la globalización económica en estos años de supremacía del neoliberalismo. El capital no ha aumentado de forma proporcional al incremento del beneficio, se ha limitado a moverse en busca de condiciones más beneficiosas, dando lugar a la deslocalización empresarial. Ha pesado mucho más el movimiento especulativo del capital que su crecimiento productivo.

En segundo lugar no existe ninguna presión social hacia un cambio del actual orden económico mundial. Las pasadas elecciones al parlamento europeo lo han dejado claro. En un momento de cambio, una gran parte de la población responde con la abstención, en una elección que nos permitiría reforzar el modelo europeo de nivelación de rentas. La derecha lo sabía, jugó a la abstención y consiguió su objetivo. Lo más peligroso no es que los defensores del pensamiento económico neoliberal sigan siendo la fuerza mayoritaria en Europa, sino la ausencia de movilización del electorado de izquierdas, que es el que impulsa el cambio.

Es evidente que el sistema capitalista no se transformará por crisis internas, pues el estado del bienestar es la salvaguardia del sistema. Cada crisis tendrá la protección del estado, que saldrá en su defensa para evitar su colapso (algo que desconocía Marx).

La redefinición del sistema capitalista no se producirá como respuesta a una crisis, sino fruto de una progresiva pérdida de posicionamiento del capital. No por su pérdida de valor, sino por su pérdida de peso en la formación del tejido productivol. Es necesario que el peso de la iniciativa emprendedora sea superior al de la propiedad de capital.

Esto exige la separación definitiva del concepto de empresario y capitalista, así como la reducción de graves problemas de asimetría en la información de la actual sociedad. En definitiva avanzar hacia la competencia perfecta.

Creo que los primeros pasos a seguir son claros: reforzar el Estado de Bienestar para caminar hacia la igualdad real de oportunidades, e impulsar un nuevo concepto de empresa, incorporando en el papel empresarial a una mayor parte de la sociedad. Para conseguirlo es fundamental reforzar el papel del Estado. El neoliberalismo no dudará en reducir el papel del estado hasta un nivel que resulte asumible, controlable y suficiente para que pueda salir al auxilio del modelo capitalista cuando esto sea necesario.

Esto es lo que nos seguiremos jugando una vez superada la actual crisis.

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